Para calmar el alma abro un dique seco donde se desborda el alba,
Para vencer a la desesperanza como días y bebo noches, sueño que vivo, por eso cada vez que que despierto muero, y muero con el pene erguido, ávido de deseos carnales, con dos huevos y resto de ego hago juegos malabares, el vil destino sucumbirá ante mi pluma si es la siniestra la que la empuña; el reflejo de un verso inquieto ante un espejo convexo es suficiente para amedrentar al poeta, perderé la vida y vagaré en el olvido sin ni siquiera saber que un día he existido.
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